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Octubre otra vez, parece siempre un mes perfecto para
enterrar a tus muertos, agradecerles por su acto de entrega y salvarnos la vida a los vivos, realmente un ciclo interminable
desde que patentaron la idea en una crucifixión...Qué sería de los que quedamos en el camino de la vida si no tuviéramos
ejemplos ... tan imposibles de ignorar, ejemplos que no te permiten olvidar la capacidad de amar de los seres humanos, por
sobre la abrumante capacidad de destrucción y olvido, por sobre la sed de venganza un acto tan valiente, tan de ovarios,
como lo es el perdón.
Hoy día del activista de derechos humanos quiero
recordar nombres, de esos que por alguna razón parecen ser algo sólido, más que solo palabras. Cuantos trillones de vidas
han pasado por el planeta, es abrumante pensarlo, pero es que hay nombres colibrí, Jesús, Gandhi, cielo, Mirna, agua, Anastasio,
Che, Ceiba, Nezahualpilli, Maíz, 1932, Marcos, Herbert Anaya, vientre, Ernesetina y Erlinda, lluvia... vidas, voces,
historias... ejemplos, estos quedan sonando en las mentes colectivas como gotas de agua que siguen cayendo.... a veces intermitentes
a veces por flujos incontenibles, es ahí cuando las lagrimas no pueden contener al frágil cuerpo de los seres humanos.
Recuerdan ese 26 de octubre 1987 una de
esas gotas que por 20 años viene cayendo incontenible haciendo hueco en el corazónahí esta Herbert todavía con su nombre,
esta en su ataúd bien vestido y maquillado, sin su habitual sonrisa, solo pensando, solo sintiendo, solo observando y escuchando
con la paciencia de los muertos cientos de personas en catedral metropolitana, un acto ecuménico en si mismo, en honor al
que no tuvo más religión que la de creer en la lucha por la defensa de los derechos humanos, hoy Herbert no tiene rostro,
su expresión va cambiando en el reflejo del vidrio de su ataúd, se vuelve anciana sin dientes, se vuelve niño con lagrimas,
se torna pálido color de viuda, se mira barbudo revolución, refleja la cara de poeta frustrado , rostro de desvelo, cara de
protesta callada, frustración, respeto, admiración, rencor, pasión, llanto, hombre, viejo, niño, humano, asesinado,
muerto sin juicio, vivos fantasmas de culpa un nombre !de tantos nombres.
Que hacer con ese nombre sin cuerpo, de rostro
indefinido en el sordo estallido de las balas escucho unos gritos ¡juicio y castigo! dicen algunos ¡Perdón y olvido!
repiten otros
Quiero compartir una historia de África, esta historia la escuche en una de esas películas que
ves de puro entretenimiento, sin embargo encontré en esta particular historia algo que me hizo reflexionar en la famosa palabra
aquella que por estos lados suena bastante hueca Justicia
Dicen que la nación de los Ku cree que para acabar
con el sufrimiento hay que salvar una vida... Si alguien es asesinado, el año de luto termina con un ritual que se llama
el hombre ahogado
Hay una fiesta al lado del agua al amanecer el asesino es puesto en un barco, se lleva al agua
y lo tiran, él esta atado para que no pueda nadar, la familia de la victima tiene que tomar una decisión, pueden dejarlo ahogarse
o nadar y salvarlo, los ku creen que si la familia dejan que el asesino se ahogue tendrían justicia, pero pasaran toda la
vida de luto, pero si lo salvan admiten que la vida no siempre es justa y que ese acto en si mismo puede quitarles el dolor.
Perdón y olvido nos repiten interminablemente,
y yo sigo gritando incansable perdón sí, pero olvido jamás... yo escucho hablar de las bases sobre las que hay que construir
un país en democracia, hablan de un estado de derecho, hasta se atreven hablar de los derechos humanos, de la justicia...
como si fuesen estas mercancía que se dan y se quitan a discreción o al mejor postor y me pregunto que significan estas palabras
mas allá de una definición académica.
Hay quienes convenientemente prefieren olvidar
que un estado de derecho no existe sin justicia, que un estado de derecho no puede ser construido sobre los huesos podridos,
no puede ser consolidado cuando de la balanza de la justicia salvadoreña caen gotas de sangre que siguen fluyendo de las heridas
frescas de los muertos y torturados. Cuando digo frescas es por que hoy hay un promedio de 12 asesinatos diarios y muchos
torturados fuera y dentro de las cárceles en nuestro país, sin que hayan quienes aquí se indignen por esto ya que nos
han enseñado y hemos aprendido, a diferenciar a aquellos que se merecen tener derechos humanos y quien no lo merecen.
Hoy estoy aquí a la orilla del agua, como cada
año, por 18 años, estoy nadando otra vez para salvar al asesino, quiero decirle que le perdono pero como cada año he tenido
que salir mojada y en las redes una ley de amnistía con sabor a impunidad, cuantas de las victimas de la violencia actual,
están a la orilla del río, ¡hoy! tomando su decisión y nadan pero lo único que logran pescar es una ley mano dura con gran
sabor a venganza, cuantos victimarios están esperando ser salvados sin que nadie se atreva, por que nos agarra el puño de
hierro que con el miedo nos tapa la boca y no podemos exigir un ¡Basta Ya! A esta violencia cuya causa principal esta
en la injusticia, la misma que mato a Herbert, a monseñor Romero, Marianela, Anastasio, a mi sangre pipil y todos los nombres
sin cuerpo que ningún muro en el mundo podría sostener.
Hoy estamos aquí en esta fiesta a la orilla del
río, cada quien con su muerto a cuestas, y yo digo ¡Perdón! pero para poder perdonar tengo que saber a quien, la madre
de Ernestina y Erlinda Serrano, murió a la orilla del lago esperando una respuesta, cuantos de ustedes están a la orilla del
mar tomando una decisión, cada quien pensando si nadar o alimentar la venganza
Venganza! gritan muchos, a veces demasiados,
la venganza es una forma muy cobarde de lidiar con el dolor, la venganza no es más que el alimento de las guerras, un
banquete para el odio y la violencia, pero sobre todo un postre delicioso para el miedo que nos mantiene callados ante la
verdad, ante la lucha por la verdadera defensa de los derechos humanos La venganza no cura las heridas, no puede revivir a
los muertos, pero el perdón tampoco revive a los muertos.
Que hacemos entonces con el dolor, como le pides a un guerrillero y a un soldado que olvide a sus muertos por decreto
legislativo, como le pides a las pandillas no matar, no robar, no existir, si son el mejor reflejo de la sociedad que has
creado por acción u omisión, como le explicas a tus hijos que a su padre lo mató la bala de la indiferencia colectiva, como
le explicas a la historia no haber luchado por los derechos humanos a causa del miedo, como das cuenta a tus muertos por no
buscar la verdad, dicen que la voz humana aunque sea un susurro se escuchará por sobre el estruendo de los ejércitos
siempre y cuando diga la verdad, los muertos no reclaman sangre, reclaman la vida que les arrebataron pero nadie les puede
devolver, "no te manches tus manos de sangre en mi nombre, por que el enemigo también tiene amigos, también tiene madre, también
tiene hijos, también tiene vida...."
Sigamos celebrando pues la vida que entregaron, siguiendo
su ejemplo.
Rosa Anaya
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